Estamos muy de acuerdo con lograr esa meta y que haya muchas versiones de helado más saludable, no solo para personas con problemas de salud, sino también para grupos de consumidores que desean disfrutar de este producto sin tantas culpas o que desean cuidar su organismo.

El tema es que bajo ese tipo de lemas hoy en día hay muchas vertientes y conceptos, algunos un tanto condicionados por filosofías o conceptos.

La idea con estas notas es aclarar, informar y desmitificar algunos conceptos.

¿Que se puede considerar un helado mas saludable? Analicemos algunos aspectos (puede haber mas).

Más bajo en grasas.
Más bajo en azúcares.
De bajo índice glucémico (para diabéticos)
Apto celíaco.
Con componentes orgánicos.
Sin aditivos “problemáticos”.
Sin lácteos.
 

¿Es posible? Si lo es. Hay que ver que se busca y tener en claro que se puede y debe utilizar. Todo es muy interesante, lo que se hace difícil es cumplir con todo al mismo tiempo. Hoy en día hay una tendencia a demonizar algunos alimentos como: azúcares, gluten, lácteos, etc., cuando lo mas apropiado sería considerar el consumo equilibrado de ellos. Generalmente un por si mismo no se puede considerar nocivo, si su consumo es apropiado, en cantidades apropiadas y con mas conocimiento sobre como ingerirlo y con que.

Iremos analizando estos puntos en diversas notas.

Primero, todo lo que se comercializa debe ser aprobado por la ley, nacional e internacional. Hay varias entidades que vigilan la calidad de los insumos y autorizan o no su uso. Una de ellas es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y entre otros, uno de los mandatos que tiene es “lograr un mundo en el que impere la seguridad alimentaria elevando los niveles de nutrición”.

Esta organización emite elCodex alimentarius”, siendo uno de sus objetivos: “elaborar normas alimentarias internacionales armonizadas, que protegen la salud de los consumidores y fomentan prácticas leales en el comercio de los alimentos”.

Por ello cada tanto se autoriza o no el uso de cientos componentes, se dan señales de advertencia y a veces hasta se prohíbe el uso de elementos que podrían llegar a ser nocivos. Este código alimentario es una guía sobre la que se basan muchas de las legislaciones en cada país. Y si no la tienen suelen “acogerse” a esta normativa internacional.

Teniendo en cuenta esto comencemos por un punto complejo, la palabra “aditivo”.

¿Que son los aditivos? Según se define allí: “Se entiende por aditivo alimentario cualquier sustancia que en cuanto tal no se consume normalmente como alimento, ni tampoco se usa como ingrediente básico en alimentos, tenga o no valor nutritivo, y cuya adición intencionada al alimento con fines tecnológicos (incluidos los organolépticos) en sus fases de fabricación, elaboración, preparación, tratamiento, envasado, empaquetado, transporte o almacenamiento, resulte o pueda preverse razonablemente que resulte (directa o indirectamente) por sí o sus subproductos, en un componente del alimento o un elemento que afecte a sus características. Esta definición no incluye contaminantes” o sustancias añadidas al alimento para mantener o mejorar las cualidades nutricionales.”

Y avanzando en la lectura del código se define lo siguiente:
Justificación del uso de aditivos
El uso de aditivos alimentarios está justificado únicamente si ello ofrece alguna ventaja, no presenta riesgos apreciables para la salud de los consumidores, no induce a error a éstos, y cumple una o más de las funciones tecnológicas establecidas por el Codex y los requisitos que se indican a continuación en los apartados a) a d) , y únicamente cuando estos fines no pueden alcanzarse por otros medios que son factibles económica y tecnológicamente:
a) Conservar la calidad nutricional del alimento; una disminución intencionada en la calidad nutricional de un alimento estaría justificada en las circunstancias indicadas en el subpárrafo b) y también en otras circunstancias en las que el alimento no constituye un componente importante de una dieta normal;
b) Proporcionar los ingredientes o constituyentes necesarios para los alimentos fabricado s para grupos de consumidores que tienen necesidades dietéticas especiales;
c) Aumentar la calidad de conservación o la estabilidad de un alimento o mejorar sus propiedades organolépticas, a condición de que ello no altere la naturaleza, sustancia o calidad del alimento de forma que engañe al consumidor;
d) Proporcionar ayuda en la fabricación, elaboración, preparación, tratamiento, envasado, transporte o almacenamiento del alimento, a condición de que el aditivo no se utilice para encubrir los efectos del empleo de materias primas defectuosas o de prácticas (incluidas las no higiénicas) o técnicas indeseables durante el curso de cualquiera de estas operaciones.

En algunas definiciones se explicita:
En ningún caso deben agregarse para engañar al consumidor ó encubrir errores de elaboración ni disminuir en exceso el valor nutritivo de un alimento.
En la rotulación de todo producto alimenticio adicionado de aditivos de uso permitido, deberá hacerse constar su presencia, formando parte de la lista de ingredientes. Esta declaración constará de:
a) la función principal o fundamental del aditivo en el alimento, y
b) su nombre completo, o su número INS (*) o ambos.
Como recomendación general entonces, es muy importante que los consumidores lean concientemente los rótulos para informarse acerca de la presencia de estos ingredientes (aditivos), especialmente aquellas personas que presentan intolerancia a algunos de estos ingredientes.

Por lo que esto está supervisado. Y de hecho la misma reglamentación nos invita a todos los consumidores a leer las etiquetas que tienen los alimentos para saber que estamos consumiendo.

Ahora, a veces en estas etiquetas aparecen unas siglas con números como INS o un empieza con la letra E y un número posterior ¿Qué significa eso? ¿Porqué no esta tan aclarado en la etiqueta?

Lo analizaremos en la próxima nota…